Yoga y amabilidad

Una vez enseñé en Idaho, y la clase estaba llena de principiantes. Noté a dos hombres mayores en la parte trasera de la habitación, luchando con cada movimiento que hicieron. Les di lo mejor de mí mismo a pesar de su falta de promesas, y las traté con amabilidad.

Esa noche, me enteré de que uno de los hombres period presidente de la junta directiva de una de las corporaciones más grandes del mundo. Él agradeció mi amabilidad y esfuerzo, y más tarde arregló para que yo le di lecciones a sus ejecutivos, gerentes y private sobre el espíritu, la integridad y el lugar de trabajo. Como maestros, estamos constantemente alrededor de las personas que luchan por hacer lo que podemos hacer con relativa facilidad. Nuestras habilidades superiores pueden atraernos a las trampas del moi y empezamos a ser menos respetuosos con los demás.

Para contrarrestar esta tendencia, recuerdo constantemente que mis clases están llenas de chefs profesionales, concertistas, bailarines de ballet, corredores de maratón, nadadores expertos, madres de cinco hijos, directores ejecutivos, médicos, masajistas… Sí, puedo hacer yoga bien, y puedo enseñar yoga bien, pero cada uno de ellos tiene cualidades y habilidades que nunca poseeré. Si tenemos en cuenta que cada estudiante es mucho más que el cuerpo a tientas que vemos ante nosotros, nuestro moi será humillado, y nuestra bondad innata florecerá. La bondad es respeto, y el respeto es bondad.

Esto no significa que mimamos al estudiante, o hacemos lo que el estudiante quiere. Bondad significa ayudar al estudiante a progresar rápidamente con el menor daño posible. Máximo progreso, con tiempo mínimo y dureza.

Aadil Palkhivala 2008